domingo, 8 de febrero de 2015

Día 516 Mis Propósitos de vida


A menudo parece que los seres humanos somos puramente funcionales, que hacemos las cosas sin pensar, de manera automática, siendo atraídos por los estímulos de la mercadotecnia convirtiéndonos en consumidores obsesivos. Para  la mayoría de empresas solo somos un objeto más de consumo, un potencial comprador a quien se tiene que crear el deseo para obtener su producto, como la meta más cercana del individuo, sin ningún objetivo claro más que tener otro entretenimiento.

Pero, ¿en alguna ocasión nos hemos planteado cual es el propósito de nuestra, vida?, ¿cuál el objetivo de nuestra encarnación física?, ¿cuál es nuestro sello particular en nuestro entorno? ¿Cuál es nuestra aportación particular a la vida? Según la edad que se tenga, yo tengo 54 años, uno ha tenido tiempo para en alguna ocasión hacerse ese planteamiento especialmente si uno ha participado de movimientos esotéricos, religiosos o espirituales. Y en ese entorno es fácil responder: “Hacer la voluntad de dios”, “Iluminarme”, “La compresión de las energías que mueven el universo”, etc. Pero lo que aquí quiero investigar es cuál es mi propósito en términos de la realidad y acontecimientos que me toca vivir en esta época, en términos de mi identidad, y en términos de mi proyección social. Y es lo que quiero compartir aquí.

Empezaré con un poco de contexto para ver de dónde vengo, mi itinerario en cuanto a propósitos u objetivos de vida. A los 14 años mi objetivo era ser arquitecto técnico, ganar dinero y obtener el máximo de bienes. A los 18 después de un tumor en la pierna, mi objetivo era renunciar a todos los bienes materiales, renunciar a crear una familia, y a dedicarme a la búsqueda del samadhi en un ashram con mi gurú. A los 21, después de la amputación de la pierna mi objetivo era buscar trabajo y poder sustentarme. A los 26 mi objetivo era dedicarme a la búsqueda de dios, mediante experiencias internas, en una comunidad benedictina. A los 30 años mi objetivo fue dedicarme a la psicología clínica que se frustro por una miocardiopatía, que casi me lleva al otro lado. A los 36 mi objetivo era vivir de nuevo en pareja, curar a través de los chacras y dedicarme a la astrología. A los 40 seguía con la curación esotérica y astrología, añadiéndole técnicas para el despertar de Kundalini. Hasta que conocí las herramientas de Desteni y aterrice, lol.




Y durante los 3 últimos años que he caminado mi mente a través de la escritura como uno mismo, y con las herramientas de Desteni, me he dado cuenta que en mi propósito de vida de cada época había escondidas dos motivaciones: una externa “positiva”, y otra interna “negativa”, una para conquistar objetivos y otra para huir de mis miedos. Por eso ahora cuando me planteo cual puede ser mi propósito de vida en esta etapa, lo quiero hacer desde la honestidad como uno mismo, de manera íntegra, y mirando mi mente en toda su amplitud.

Pero antes de entrar en este ahora como propósito, quiero ver cuáles fueron las dos motivaciones que veo en cada uno de las etapas. A los 14, al querer desarrollar una profesión indica que el propósito era encontrar mi propio espacio en la sociedad y aportar mis capacidades, pero lo que veo también es que tras esa decisión existía un miedo a no ser autosuficiente y a no tener una identidad propia, entonces como arquitecto técnico, significaba en quien me quería convertir para que otros me identificaran y como logro personal, en lugar de ser yo mismo más allá de mi función social. A los 18 años y tras un proceso oncológico psicológicamente convulso, me doy cuenta de que “para que vivir en esta vida si uno no realiza su máximo potencial” y entonces encontré  la respuesta en la filosofía y espiritualidad oriental, por lo que mi propósito fue el despertar espiritual y las experiencias transpersonales. Aquí lo que veo es un dejar de luchar, una renuncia a afrontar mi nueva situación física, no dándome a mí mismo la oportunidad de desarrollar nuevas habilidades para comprenderme a mí mismo y mi realidad, por lo que opto por crearme una realidad paralela, de manera que si me moría por la enfermedad estar preparado para ese trance. Pero la motivación oculta fue el miedo a la muerte, miedo a dejar de existir como me conocía y desarrollar otro yo, otra identidad por la que me pudiera reconocer en el más allá. Creyendo que si desarrollaba ciertos estados de conciencia podría pasar el trance con plena conciencia de mí mismo.  De manera que mi relación con la espiritualidad estaba vinculada al miedo a  desaparecer tal cual era por la muerte. Así como en la primera etapa de los 14 el propósito fue conseguir una profesión, que estaba vinculada al miedo a no tener una identidad propia por la cual reconocerme, a los 18 era el miedo perder mi identidad tal y como la conocía.

A los 21 años después de la amputación mi objetivo era insertarme en la sociedad buscando un trabajo y sustentarme, vinculado inconscientemente al miedo a no ser independiente y autosuficiente. De manera que en realidad el trabajo estaba vinculado al miedo a ser dependiente de los demás. Después a los 26 años continuando con la espiritualidad y después de diversas experiencias internas y de pareja, decido dedicarme a la búsqueda de dios esta vez desde la vida monástica cristiana. Pero en realidad que significa “buscar a dios” sino buscar dentro de la mente lo que significa dios para uno, y el significado es simple, encontrar a un salvador que se haga responsable de la propia vida a través de un acto de fe. Así dios-fe-búsqueda, como trilogía, crearon en mi sistema de conciencia un objetivo consciente “encontrar su rostro en mí en todos las cosas”,  “ver la mano de dios en todas las cosas” y justificar lo injustificable. Sin darme cuenta que el “ojo que todo lo ve” era mi propio ojo, el ojo de mi mente. Pero esa búsqueda estaba vinculada a una inhibición de la propia responsabilidad en cuanto a mis decisiones y sus consecuencias, y a las consecuencias creadas en mi mundo. Por lo tanto búsqueda de dios en mi inconsciente podría traducirse como “no querer ser responsable por la propia vida ni de la vida una”, aunque la doctrina determinara “amar a dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo” o lo que es lo mismo “unirte a los dictados de la mente y a las mentes que piensan como tú”, para así justificar nuestro mundo ente lo divino y lo humano, lo bueno y lo malo, dios y el demonio, etc. en eso consiste la religión del sistema mundo.

A los 30 mi objetivo era dedicarme a la psicología clínica y adquirir un status social al mismo tiempo que quería comprender como funcionaba mi mente. Pero esa búsqueda de estatus surge por el sentimiento de “no ser nadie”, no tener reconocimiento, es decir no haberme situado en una profesión relevante a nivel social, no hacer la diferencia en ninguna área, y al mismo tiempo querer comprender que ha pasado en mi vida. En esa época comprendo algunos de mis conflictos en mis relaciones y algunas proyecciones psicológicas. Pero que hay detrás de esa búsqueda de status y ese estudio sobre la psicología y mis personalidades, sencillamente un miedo a no ser nada y un miedo a perder el control, a no tener dirección. Para ello utilizo la psicología como entretenimiento de la mente. Y por último a los 40 le añadí la particularidad del despertar de la energía Kundalini como último intento en la espiritualidad de no depender de agentes externos como guías, gurús, maestros o cualquier otro iluminado que diesen respuesta a mis preguntas sobre mi existencia. Pero en realidad cual era la otra cara de la moneda, el miedo a depender de los demás. Otra vez el miedo a ser dependiente, no ya desde la propia sustentabilidad, sino desde la dependencia psicológica a los demás. 

Viendo que en todas las etapas subyace un propósito general: encontrar la satisfacción en mi mismo de ser alguien diferencial, con identidad propia, sin necesidad de máscaras, darme las respuestas yo mismo a través de la honestidad como uno mismo, y expresar mi máximo potencial. Nada diferente de lo que otro mortal busca según su pre-programación, pero que no logra conquistar, o sí, por su falta de honestidad como uno mismo.  

No obstante es interesante poner delante de uno la polaridad de cada decisión para no engañarse a sí mismo, viendo solo la aspiración positiva, sin tener en cuenta que esa aspiración-decisión personal está motivada por un miedo subyacente que en realidad es quien mueve y determina nuestra decisión-propósito, por lo tanto controlados por el miedo.


Continuaré





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