domingo, 1 de febrero de 2015

Día 514 Entre la voluntad y el deseo



Desde esta perspectiva la voluntad la podemos ver no como el impulso o motivación para tomar una decisión para después hacerlo, o no, sino como un acto físico donde uno simplemente decide expresarse de determinada manera, hablando, escribiendo, bailando, trabajando, etc. Por lo tanto excluimos que sea una decisión de la mente, y le quitamos la dirección, el control y la decisión a la conciencia. Sencillo, pero difícil si no detenemos nuestras ideas y creencias sobre la voluntad.  Pues dentro de la voluntad nos movemos dentro de la polaridad de lo bueno o lo malo, me gusta no me gusta, me interesa o no me interesa, pérdida o ganancia, o cualquier otro calculo interesado. 




Después de escribir mi post anterior me he dado cuenta que al poner relevancia en el acto físico de la voluntad dejé a un lado la intervención de la mente, cuando de lo que se trata es de integrarla dentro de la acción. Esta integración de lo mente en lo físico consiste en que la voluntad no actué motivada por el miedo, el deseo o la energía sino para apoyar la realidad y mejorar las condiciones de la vida una. La única voluntad aceptable y que podemos denominar como humana es la que apoya la vida en igualdad, por lo tanto cualquier acto egoísta que genere interés personal y esté motivada para causar dolor y sufrimiento, directa o indirectamente, a otra persona puede considerarse como destructivo. Desde esta perspectiva la voluntad puede ser definida como:

Voluntad: La capacidad de decidir uno mismo aquí por un tipo de conducta responsable que mejore las condiciones de vida de uno y la de todos en igualdad. No se trata de una “fuerza” de la mente sino de un acto integrado de la mente en lo físico con la intención de realizar lo que es mejor para la vida una.

A partir de este punto surge la pregunta sobre cómo yo he realizado mi propia voluntad. En ocasiones hemos distinguido entre la “buena voluntad” o “voluntad mala”, o entre la voluntad y el deseo, como si de un principio moral se tratara llevando la discusión a solo la mente, sin considerar el beneficio de la vida, que en última estancia es de lo que se trata. Mientras a la voluntad la hemos situado como si fuera solo una decisión razonada, el deseo lo hemos vinculado con una emoción profunda.  Por lo que hemos sido educados en esta polaridad entre la razón y el instinto, entre la acción dirigida por uno mismo y la inercia de los instintos preprogramados. De manera que nuestros actos manifiestan esta dicotomía sin ser capaces de resolver este dilema. Entonces.

¿Que hay dentro de mí mismo cómo voluntad propia?
¿Qué ha sido hasta ahora mi voluntad, como la decisión de mis pensamientos, emociones, sentimientos, percepciones, imaginación, ideas y creencias?
¿De dónde ha surgido en realidad mi voluntad?
¿Cómo está voluntad ha determinado quién soy?
¿Qué función ha tenido mi voluntad para llegar hasta dónde estoy?
¿Cómo he decido experimentarme según mi voluntad?
¿Dónde existe mi voluntad?
¿Cómo transformar la voluntad en una facultad de la mente y lo físico, integrados, que apoye a uno mismo?

Perdón a uno mismo

Me perdono a mí mismo el haberme permitido y aceptado utilizar mi voluntad como deseo de mi mente motivado por mi interés personal en detrimento de otros.

Me perdono a mí mismo el haberme permitido y aceptado utilizar mi voluntad como deseo de mi mente para dañar a otros deliberadamente.

Me perdono a mí mismo el haberme permitido y aceptado utilizar mi voluntad como deseo de mi mente para conseguir estados de conciencia elevados sometiendo a mi cuerpo a una disciplina, separando mis creencias de la realidad física, cuando de lo que se trataba era apoyar lo físico y lo que está aquí en igualdad.

Me perdono a mí mismo el haberme permitido y aceptado utilizar mi voluntad como deseo de mi mente para obtener una experiencia emocional, y no como la expresión de uno mismo.

Me perdono a mí mismo el haberme permitido y aceptado utilizar mi voluntad  para conseguir mis deseos y así saciar mis apetencias sobre la comida, el sexo, los objetos, las relaciones, el reconocimiento, la venganza, el odio, el amor, sin darme cuenta que esa voluntad era promovida para llenar un vacío, una compensación, por la sensación de que algo fuera de mi tenía que conseguirlo para sentirme bien, y de esta forma obtener una experiencia positiva que me hiciera sentir completo, lleno, por lo que ese impulso interno no era más que el deseo de mi mente para saciarme y reducir la ansiedad por ese vacío.

Me doy cuenta de que hay un instinto básico de autoconservación como la comida y el sexo al que hemos añadido la voluntad de poseer y dominar por lo que hemos convertido estos instintos en deseo para la mente y una mercancía para la mercadotecnia.

Me perdono a mí mismo el haberme permitido y aceptado relacionar la voluntad con el esfuerzo físico, como si el cuerpo necesitara de un impulso de la mente para actuar, llevando al cuerpo a un mero ejecutor de las decisiones de la mente, y por ello no considerar el ritmo y límites del propio organismo.

Entiendo que la mente tiene que estar alineado al cuerpo, donde la mente nos sitúa en el espacio y tiempo, realidad, y el cuerpo físico se mueve dentro de esta dimensión de la que tiene consciencia de sus límites.

Me perdono a mí mismo el haberme permitido y aceptado utilizar mi voluntad para obtener una experiencia positiva.

Me perdono a mí mismo el haberme permitido y aceptado utilizar mi voluntad para luchar contra una experiencia negativa.

Me perdono a mí mismo el haberme permitido y aceptado utilizar mi voluntad para reafirmarme en mis diferentes personalidades/mascaras.

Me perdono a mí mismo el haberme permitido y aceptado utilizar la voluntad para reforzar mí autoestima.

Me perdono a mí mismo el haberme permitido y aceptado utilizar mi voluntad para obtener reconocimiento y buena fama.

Me perdono a mí mismo el haberme permitido y aceptado utilizar mi voluntad para imponerme a otras personas, como experiencia positiva y así evitar verme derrotado, como experiencia negativa, y en ello creer que existe la derrota o la imposición, cuando son solo acuerdos de la mente.

Me perdono a mí mismo el haberme permitido y aceptado utilizar mi voluntad para forzar mi cuerpo a un mayor esfuerzo de trabajo hasta agotarlo.

Me perdono a mí mismo el haberme permitido y aceptado utilizar mi voluntad para someter a mi cuerpo físico.

Me perdono a mí mismo el haberme permitido y aceptado utilizar mi voluntad hasta enfermar mi cuerpo.

Me perdono a mí mismo el haberme permitido y aceptado no utilizar mi voluntad para atender y escuchar mi cuerpo físico.

Me perdono a mí mismo el haberme permitido y aceptado no utilizar mi voluntad para detener mi mente y establecer el equilibrio físico.

Me perdono a mí mismo el haberme permitido y aceptado no utilizar mi voluntad para verme en honestidad como uno mismo.

Me perdono a mí mismo el haberme permitido y aceptado no utilizar mi voluntad para investigar sobre mi experiencia de vida en honestidad como uno mismo.

Me perdono a mí mismo el haberme permitido y aceptado no utilizar mi voluntad para apoyarme incondicionalmente.


Continuaré con la aplicación correctiva y compromisos.

Gracias,


Algunas referencias sobre la voluntad:








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